
"La casa parecía estar sola en esa pequeña cima y únicamente en frente, al otro lado de la calle que no tenía acera, había otro ranchito con un aspecto verdaderamente demacrado y lamentable. Verlo me hizo pensar en una pintada que había leído en alguna calle de la ciudad: —«Venezuela me duele»." —Capítulo vi.

"Fue en esa habitación, el cuarto de santo, donde estuvimos más de cuatro horas encerrados esa mañana, a oscuras con la poca luz de unas cuantas velas." —Capítulo vi.
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