"Soñaba, ya que era ilusoria la empresa en ese momento. Aunque los hubiera podido rastrear, el coronel no autorizaría, por mucha necesidad que hubiese, armar esa correría para proveer con monturas a los hombres que estaban a pie. A éstos los llamaba el coronel su infantería, pero el llanero sabía que a pié no iban a conquistar el Llano, ni en tiempos de revuelta ni en tiempos de manumisión. La tarea del lazo les costaría tiempo y las leguas de persecución crearían una polvareda que les delataría ante el enemigo. Les tomaría una jornada de trabajo larga perseguirlos y acorralarlos, y luego otras tantas para romperlos, uno a uno y amansarlos lo suficiente para ser jineteados en batalla." —Capítulo ix.
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