lunes, 14 de abril de 2014

Derrotero hacia puertos de montaña



"Precisamente esta ruta de retorno a los pastos de verano del valle de Roncal fue la que tomaron los hermanos Gambra tras su liberación en Caparroso. Remontaron a toda prisa el cauce del Aragón en plena oscuridad. Alcanzada la segunda jornada de marcha tornaron hacia el de su afluente, el Esca, siguiendo su violento curso que había partido estas montañas en sendas fozes. 
Tomás de Renovales marchaba junto con estos hombres y a duras penas lograba mantener el ritmo de la huida. Con la ayuda de otro compañero en armas cargaban a cuestas a su tío Mariano que hervía con fiebres y a ratos desvanecía. Fue tal el esfuerzo de Tomás que tras jornada y media también comenzó a sufrir del delirio de las fiebres y a sentir que le flaqueaban las fuerzas. Las penurias sufridas durante los nueve meses de asedios contribuyeron a descomponer la salud de estos hombres de acción, pero no su fe. Zaragoza casi sin fortificación la defendía el nutrido río Ebro por el norte, su tributario el Huerva por el este y por lo demás, un populacho de ejercito apenas instruido en la disciplina marcial pero decido a no permitir que la virgen del Pilar fuese francesa. Imbatibles ante el poderío militar del invasor, finalmente la peste se ocupó en desahuciar de esta plaza a una gran parte de las almas que la defendían. 
La sombra del Feo ahora los perseguía hasta estas alturas, en la huida que habían emprendido con derrotero hacia puertos de montaña. Renovales dejaba perder su vista sobre el horizonte coronado por picos nevados y nubes deslumbrantes que se extendían como las alas de un enorme ángel.  Cada haz de luz que lanzaba esta visión embriagaba el espíritu de Renovales, privándole del dolor y de la desesperación de su cometido. Aunaba fuerzas donde no las había para que su paso dejase de tambalear y para que su mirada continuase fija sobre este espectáculo de infinita grandeza. Sin embargo, tras varias jornadas de arduo ascenso por senderos enfoscados tuvo que ceder su carga a otro y luego estribar sobre el hombro de uno de los montañeses que lo habían liberado hasta poder atracar en el primer pueblo de éstos, Burgui." —Capítulo xi.







 

No hay comentarios:

Publicar un comentario