"—Le
costó a Fermín la vida salvar las de sus hermanos. Que fuerte.
—Su
sacrificio salvó a muchos. Rescató a unos cuantos de aquella cuerda con la que
nos conducían a Francia. Para los gabachos no éramos más que harapos vivientes.
¡Tanta miseria sufrida durante el último sitio de Zaragoza! ¡Pero por lo menos miseria de hombre
libre! Encontrarme atado a una cuerda como esclavo era peor que ir camino al
paredón. Gracias a Fermín Gambra y
a estos hombres roncaleses me fue devuelta la libertad y con renovado aliento
proseguí con la resistencia armada contra el invasor. Gracias a Pedro Francisco y a Sebastián Gambra que los fueron
a buscar, por encontrarse ambos en Zaragoza estudiando en la universidad en la
víspera de los sitios.
—¿Qué
hacía usted en Zaragoza, también estudiaba en la universidad?
—Yo me
presenté como voluntario acompañando a mi tío. Él acababa de regresar a Artzentales
después de una ausencia de casi 18 años haciendo las américas. De joven emigró
a Buenos Aires donde hizo fortuna y logró distinguirse sirviendo en la
milicias. Volvió a Vizcaya luciendo un imponente uniforme de oficial de ese
ejército americano, con senda condecoración que llevaba prendida sobre la manga
izquierda. Una medalla de oro con las armas de Buenos Aires. Se la otorgó el
Cabildo de esa ciudad unos meses antes por sus méritos en la acción de Perdriel
y en la reconquista de esta capital del virreinato del Rió de la Plata,
habiendo servido bajo el mando de Juan Martín de Pueyrredón en la defensa
contra el invasor inglés. Estando en nuestra casa solariega del valle de
Artzentales, en las Encartaciones de Vizcaya, nos llegaron noticias del levantamiento
del 2 de mayo en Madrid y de las proclamas en Zaragoza de resistencia.
Universitarios como los Gambra se habían movilizado a favor de Fernando VII y
en contra de Godoy y de los franceses.
A nuestra llegada a esta plaza, una granada reventó cerca de nosotros
creando gran destrozo y confusión entre los defensores que ahí se nos
plantaron. No nos conocían y nos
habían confundido por el enemigo.
Mi tío enseguida tomó el control de la situación y desde ese primer
momento se hizo merecedor de la admiración de muchos por su aguerrido
liderazgo.
—Ese
tío suyo es todo un personaje. ¡Cuente más!
Renovales
levantó la rodilla y giró sobre su costado, terminando por arrodillarse en
frente del santuario improvisado. Al presenciar su gesto yo hice lo mismo.
—No van
a ver horas esta noche para saciar tu curiosidad. Recemos para que la virgen
nos guíe y nos proteja. Dios mediante habrá tiempo de sobra mañana para seguir
con la plática." —Capítulo x.
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