domingo, 20 de abril de 2014

Miseria de hombre libre!


"—Le costó a Fermín la vida salvar las de sus hermanos. Que fuerte.
—Su sacrificio salvó a muchos. Rescató a unos cuantos de aquella cuerda con la que nos conducían a Francia. Para los gabachos no éramos más que harapos vivientes. ¡Tanta miseria sufrida durante el último sitio de Zaragoza!  ¡Pero por lo menos miseria de hombre libre! Encontrarme atado a una cuerda como esclavo era peor que ir camino al paredón.  Gracias a Fermín Gambra y a estos hombres roncaleses me fue devuelta la libertad y con renovado aliento proseguí con la resistencia armada contra el invasor.  Gracias a Pedro Francisco y a Sebastián Gambra que los fueron a buscar, por encontrarse ambos en Zaragoza estudiando en la universidad en la víspera de los sitios.
—¿Qué hacía usted en Zaragoza, también estudiaba en la universidad?
—Yo me presenté como voluntario acompañando a mi tío. Él acababa de regresar a Artzentales después de una ausencia de casi 18 años haciendo las américas. De joven emigró a Buenos Aires donde hizo fortuna y logró distinguirse sirviendo en la milicias. Volvió a Vizcaya luciendo un imponente uniforme de oficial de ese ejército americano, con senda condecoración que llevaba prendida sobre la manga izquierda. Una medalla de oro con las armas de Buenos Aires. Se la otorgó el Cabildo de esa ciudad unos meses antes por sus méritos en la acción de Perdriel y en la reconquista de esta capital del virreinato del Rió de la Plata, habiendo servido bajo el mando de Juan Martín de Pueyrredón en la defensa contra el invasor inglés. Estando en nuestra casa solariega del valle de Artzentales, en las Encartaciones de Vizcaya, nos llegaron noticias del levantamiento del 2 de mayo en Madrid y de las proclamas en Zaragoza de resistencia. Universitarios como los Gambra se habían movilizado a favor de Fernando VII y en contra de Godoy y de los franceses.  A nuestra llegada a esta plaza, una granada reventó cerca de nosotros creando gran destrozo y confusión entre los defensores que ahí se nos plantaron.  No nos conocían y nos habían confundido por el enemigo.  Mi tío enseguida tomó el control de la situación y desde ese primer momento se hizo merecedor de la admiración de muchos por su aguerrido liderazgo.
—Ese tío suyo es todo un personaje. ¡Cuente más!
Renovales levantó la rodilla y giró sobre su costado, terminando por arrodillarse en frente del santuario improvisado. Al presenciar su gesto yo hice lo mismo.
—No van a ver horas esta noche para saciar tu curiosidad. Recemos para que la virgen nos guíe y nos proteja. Dios mediante habrá tiempo de sobra mañana para seguir con la plática." —Capítulo x.
 


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