martes, 8 de abril de 2014

No se burle de mí


"—No sé, es muy extraño todo esto. La vieja o la joven esa me lo llegó a explicar pero no le entendí nada.
 —Descuida chico, no serás el primero en confundir a la mundana aldeana Aldonza Lorenzo por la tan deseada y encantada Dulcinea. Ahora comprendo el apuro por el que estas pasando y admito que hasta yo lo padezco. ¿Qué dirán mis hombres si se prestan a verme conversando en la oscuridad con un fantasma que no ven ni oyen? Que conste que hay tres que estamos cuerdos y que han gozado esta noche de tu presencia. Si cuento a la vieja mestiza hasta somos cuatro. Yo no tengo ojos para tu doncella pero si en cambio no dudaría dos veces en montar sobre las costillas del rocín Rocinante y de vérmelas como caballero andante en este entuerto. Qué mejor pronóstico que blandir mi estandarte y apuntar mi lanza hacia moros también encantados. Si es que me las veo ahora enfrentado con paisanos, no otros que criollos naturales y mestizos, hermanos de sangre y de religión. Aquí la sangre corre por menos y mezquina razón que la de ser terco de ideas al no comulgar con aquellas de nuestro rey legítimo y cristianísimo. Más noble y valiente llamada a la batalla que la del caballero de la triste figura no ha habido y no la habrá jamás. Exigía justicia en su estado más puro y defendía con su espada toda ofensa cometida en prejuicio del honor de su ama. Harto sufrimos todos en esta guerra injusta. Los mismos somos unos que otros porque aquí no hay criadas ni doncellas del Toboso a las que adular en el más alto pedestal. Estos naturales están a cuerda floja entre su rey y su cacique. Acompáñame, joven de Jayuya en esta desventura. Destensemos juntos la suerte de estos paisanos para que caigan a favor de nuestro rey. Antes de que amanezca y de que cante un gallo destronaré con estas manos al principal responsable de esta insurrección. ¡Por el rey! ¡Por las Españas!
Me puse de pie y arremetí contra las palabras que acaba de oír. 
—¡Por su tío, dirá! Don Mariano de Renovales, el brigadier. No se burle de mí." —Capítulo xiii.
 


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