martes, 23 de abril de 2019

Chocolates La India

Me dio un flashback leer los tweets dedicados a la fábrica de chocolates La India, C.A. del twitero GVF que publicó este fin de semana de Pascua. Quizás por lo del chocolate y su vínculo con el Domingo Santo. En cualquier caso ha sido para mí un flashback por haber tenido el privilegio de pasar unas semanas de mi adolescencia trabajando en esta fábrica en Catia, una institución del chocolate en Venezuela. Les comparto unos apuntes personales que hice hace unos años acerca de esta experiencia.
"Ayer había dedicado unas horas del domingo a revisar el contenido de una caja llena de sorpresas que llevo guardando muchos años y cuyo contenido me llevó a mi adolescencia recordando mis primeras pasantías. En una de ellas pasé unas semanas del verano visitando la fábrica de chocolates La India C.A. para aprender a fabricar el Suky.



En Madrid le presenté a mi padre un manual sobre su fabricación que escribí en el procesador de texto de mi Amstrad y seguramente imprimí con una impresora dot matrix. Así me lo imagino, porque no tengo el documento final, pero también pudo haber sido entregado escrito a mano con mis anotaciones y dibujos del proceso basado en los apuntes originales que si he encontrado. El hecho es que un documento fue presentado.

Tenía 18 años y recuerdo salir trajeado en flux (traje y corbata en criollo) de la boca de metro en Catia (Plaza Sucre) para remontar a pie la calle hasta llegar a la fábrica de chocolates que durante décadas estuvo en la Calle Colombia de Catia, a las afueras de Caracas. Y es que no creo que me haya vestido de traje y corbata antes de esa edad.

Abrí ayer la caja que llevaba precintada varios años buscando algo en concreto, unas tabletas de chocolates La India, fabricadas hace ya 30 años. Aunque no lleven lote o fecha de producción —¡ni siquiera tiene código de barras impreso en la envuelta!— lo deduzco por el precio marcado de Bs. 4.25 para una tableta de 55g.

Pues aparecieron en la caja un montón de productos: Suky's, Dandy's, tabletas de chocolates La India de 30g de Fínisimo y de Chuao. Unos marcados a Bs. 4.00 y otros con este espacio tachado en negro y marcando Bs. 10.00, o sea una pequeña muestra de la inflación de aquella época. Como referencia, acabo de encontrar en un blog una envuelta de un Cocosette y un Susy, ambos de Savoy, con el mismo tachón negro sobre sus precio pre marcados y anunciando la subida para estos wafers de 25g a Bs. 1.50.  También he leído por ahí que un Cocosette de Nestlé se vende actualmente por bolívares fuertes 25.00. A saber si se parece al de antes en algo.

Aparecieron en la caja de sorpresas otros tantos caramelos fabricados por Fiesta C.A. —los de la fábrica en Los Ruices, Caracas— como por ejemplo chicles Papa Upa y Oki Doki, chupetas Tico Pop y caramelos rellenos de todo tipo. Sin embargo, para mi sorpresa también encontré una cajita entera con taquitos marca Fruna sabor piña con una leyenda que abrió mi curiosidad y me llevó escribir estas líneas.

Aquí están mis apuntes originales de aquel verano de mi adolescencia que pasé una semana en planta aprendiendo a fabricar los caramelos tipo Jelly Beans que se grajeaban en la fábrica de chocolates La India.

Aparecieron 8 folios amarillos Legal Pad de Boston University de una edición con copyright de 1985. En bolígrafo azul y en mi letra aparecen estos apuntes sobre el proceso de fabricación de los Suky. Los folios están sin numerar y sin fechar.


¿Donde aparecieron? Entre la cubierta de un libro titulado "Tufts University, Photography by Robert Azzi" que dediqué y regalé a mis abuelos "Papapepe y Mamaía os deseo unas muy felices Navidades, [firma] 12/89" y que he vuelto a recuperar. Las dimensiones del libro son lo suficientemente ancho y largo para haber albergado estos folios legal pad y otras hojas aún más anchas, tres pliegos blancos y continuos con guías de arrastre de impresora dot matrix en sus márgenes. Aquí revelo la fecha y el lugar donde tomé estos apuntes. Es un ejemplar de mi primer curriculum vitae escrito en ordenador: "Descripción de trabajos de verano 1989, 1990, 1991 y 1992". El primer párrafo se lo dedico a "Verano de 1989, Empresa: La India, C.A."


No me extraña el hecho de que el verano de 1989 estando en Caracas tuviese entre mis manos un bloc de apuntes amarillo con el emblema de Boston University. Había visitado el verano anterior esta universidad y pude haber comprado este bloc como recuerdo o como regalo para mis abuelos paternos que se graduaron de B.U. en 1925 y 1928 respectivamente, y luego estando en su casa se lo pedí prestado.

El verano de 1988 mi padre nos llevó a mis hermanos pequeños y a mí a Nueva York desde donde partimos en un viaje en coche para conocer las universidades que ofrecía Nueva Inglaterra. Mi primo le prestó a mi padre su coche, un deportivo con vanity plates de Nueva York con nuestro apellido. Recuerdo haber visitado universidades donde miembros de mi familia se graduaron: primera parada Lehigh, por ser el alma mater mi hermano mayor, y seguido conocimos Yale, alma mater de mi padre, Boston University, alma mater de ambos abuelos paternos y MIT alma mater de los tíos y primos de mi padre.

Finalmente en Agosto de 1989 me inscribí en Tufts University, habiendo sido está mi primera opción. No llegamos a conocer esta universidad durante nuestro tour del verano anterior. Si lucí todo el año un sweat shirt color vino tinto estampado con el logo de Harvard en grandes letras blancas y una cara de Mickey Mouse, como testimonio que también visitamos la tienda The Harvard Coop de Harvard Square.

Por cierto, el verano siguiente me pasé casi toda la duración del Mundial de Futbol Italia '90 censando las calles de Madrid en busca de puntos de ventas para caramelos. Me patee todas las calles de Moratalaz, Hortaleza y Tetuán. Recuerdo parar de cafetería en cafetería unos segundos para actualizarme con el marcador de goles de las teles. Mi labor consistía en tomar nota del tipo de tienda, sus datos de contacto y los productos que podía identificar en ella, principalmente si vendía productos Fiesta y de las marcas más conocidas de la competencia. También fue asignado a este trabajo un primo mío que nos visitaba de Colombia.

Prueba de su visita aquel verano está en esta imagen que también he rescatado del cajón de los recuerdos y que se tomó con mi cámara reflex Olympus OM. Ese día nos ganamos 5 mil pesetas cada uno como extras en una filmación cinematográfica en la madrileña Gran Vía de la guerra civil recreada en todo detalle hasta la segunda planta de los edificios y que se encontraba en las afueras de la ciudad. Traía escondida mi cámara bajo el abrigo de invierno que me pusieron como uniforme de las Brigadas Internacionales. Entre descansos del rodaje tomaba fotos a todo color participando como extra y disfrazado de soldado extranjero en un escenario al aire libre que recreaba un Madrid de mediados de los años 1930 en plena contienda fratricida."






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