jueves, 3 de agosto de 2017

Ledezma 31J


Antonio Ledezma, 31 de julio 2017

Asumiendo todos los riesgos he decidido enviar este mensaje a todos los venezolanos y a la comunidad internacional.

No tenemos porqué sorprendernos de lo que ocurrió el domingo. Eso era un fraude más que cantado. Sabemos perfectamente que los poderes públicos se han convertido en aparatos al servicio de un régimen totalitario, de una tiranía.

De una tiranía que este domingo reincidió en seguir golpeando, destruyendo nuestro Estado de Derecho apoyándose en siete magistrados de naturaleza ilegal y en una fracción de la Fuerza Armada Nacional.

Pero también quiero que hagamos una autocrítica. Porque no se pueden ganar batallas cuando nos derrotamos nosotros mismos. Y si rectificamos, transitando por el camino de la auto crítica para corregir los errores, no tengo ninguna duda de que Venezuela va a conquistar muy pronto su libertad y se va a librar de este Estado fallido, de este Estado forajido.

Un paréntesis: recordemos que Marcos Pérez Jiménez hizo un fraude parecido y puso a volar sobre los cielos de Caracas los aviones de la Fuerza Aérea para intimidar a los venezolanos, y un mes después estaba abordando la vaca sagrada para huir de Venezuela.

No nos olvidemos de los arrestos, de los fanfarrones con que actuaban Noriega y otros tiranos de nuestro continente y del mundo. Pero para que podamos alcanzar esa victoria tenemos que corregir algunos errores. Por ejemplo, lo primero que hace falta entre nosotros, entre los líderes de la oposición, es dialogar con sinceridad, que haya franqueza y confianza entre nosotros. A veces cuesta Dios y su ayuda que se hagan reuniones para tomar decisiones porque solo, con ese tipo de debate sinceros y francos, poniendo por delante a Venezuela, de corazón —no de la boca para afuera— es que se puede articular una estrategia. Porque sin estrategia caemos en contradicciones y terminamos convirtiendo en derrotas nuestras grandes victorias.

Yo me pregunto, por ejemplo, porqué no se tenía diseñado para el 7 de diciembre del año 2015 una estrategia, si sabíamos, lo sabía todo el mundo, lo decían las encuestas, lo decía el Pueblo en la calle, que íbamos a obtener una rutinante victoria y que la gente, para que la verdad sea dicha no fue a votar para escoger un diputado que muchas veces ni siquiera su nombre conocía, sino que la gente hizo allí un pre-revocatorio. La gente nos dio las dos terceras partes, una mayoría calificada en el Parlamento Nacional.

No, no para debatir sobre leyes, que no digo que no sean importantes, no para ir a perder tiempo en retóricas, hablando de proyectos y proyectos cuando la gente lo que quería era que se designara un nuevo Tribunal Supremo de Justicia. ¿Y por qué no se hizo?

Que se designara un nuevo Consejo Nacional Electoral. ¿Y por qué no se hizo?

Que se tomaran las medidas para garantizar que se produjera un cambio. No por capricho. No por ambiciones de alguno de nosotros. Sino por lo que advertimos.

En el año 2015, cuando propusimos una transición —no por sacar del poder por enemistad política a alguien— sino para salvar a Venezuela de esta tragedia en la que estamos sumidos en la actualidad. Cuando en el mundo entero ya no se hablan de las glorias de Simón Bolívar o de los triunfos de Venezuela en el deporte o que somos un país petrolero, sino que se habla de la paradoja de un país que tiene las mayores reservar petroleras del mundo y tiene a la gente pasando trabajo, comiendo basura.

Que somos campeones, pero en los índices más deshonrosos. Campeones en corrupción, campeones en tráfico de influencia, campeones en actos delictivos, campeones en violación de los Derechos Humanos.

Miren lo que nos ha costado no haber designado la directiva del Consejo Nacional Electoral. Y eso es responsabilidad, no del Papa, no es responsabilidad del gobierno que tiene sus intereses. Es nuestra responsabilidad no haber hecho el quorum en una sesión. Y eso tenemos que decírnoslos con sinceridad, con franqueza si de verdad queremos ser líderes.

Porque para poder liberar este país tenemos que primero liberar nuestras conciencias y ganarnos el respeto de la ciudadanía venezolana.

Permitimos que nos echaran del hemiciclo a los diputados de Amazonas que fueron legítimamente designados por los electores de esa región.

Nos declararon la Asamblea Nacional en desacato.

Comenzaron a hacer con el presupuesto lo que les dio la gana, vendieron activos, endeudaron a Venezuela como les dio la gana, y permitimos que Maduro gobernara por decreto encompinchado con siete mamarrachos del Tribunal Supremo de Justicia y nosotros haciendo retórica sobre leyes.

Y ni siquiera designamos el TSJ ni el CNE. Ni siquiera pudimos aprobar la ley de amnistía. Los ministros que se robaron los dólares para la comida, para la electricidad, para las medicinas, para las viviendas, los que hicieron sus trapizondas con los bonos del tesoro, se burlaron del Parlamento.

Hemos quedado mal con el Pueblo y ese Pueblo merece explicaciones. Más respaldo de que el que nos ha dado el Pueblo, imposible. Más solidaridad de la que hemos recogido en la comunidad internacional es imposible.

Pero a veces la gente no entiende nuestras propias contradicciones cuando ve que nos metemos autogoles,  y que nosotros mismos diluimos nuestros triunfos, porque a veces priva la vanidad. A veces los egos se convierten en demonios tormentosos que han hecho de la Unidad una feria de vanidades.

No fuimos capaces de hacer efectivos nuestros triunfos. Evocamos, el mundo se queda boquiabierto frente a las gigantescas marchas protagonizadas por el Pueblo. Y cuando no es la marcha es el plantón, y cuando no es el plantón es la épica de haber recogido firmas para promover un referendo revocatorio, como el que intentamos nosotros poner en marcha con la finalidad de que Venezuela resolviera su crisis política por la vía pacífica.

No fuimos sinceros con la ciudadanía. Dialogar no es un pecado. El pecado es como lo hicimos. A escondidas, en República Dominicana. En cubículos secretos, dándole la oportunidad a un gobierno que jugó de mala fe con las buenas intenciones de dirigentes que acudieron a esos diálogos.

Ahora yo me pregunto: ¿qué costaba haber convocado una rueda de prensa y decirle con franqueza a los venezolanos? —«mire sí vamos a dialogar, se ha designado una comisión integrada por estos negociadores que van a debatir sobre estos temas»— ¡y punto! Estoy seguro que la gente lo hubiese entendido.

Pero no, se actuó con secretismo y eso generó rumores, sospechas. Cada quién se hizo una conjetura de lo que se estaba planteando en esos supuestos diálogos. Y además cometimos el error de escoger negociadores inapropiados. Allí han debido de ir los jefes, los jefes de los partidos políticos. Y allí no ha debido enviar a nadie a negociar la libertad, ni la mía ni la de otros, porque más que la libertad mía o la de otro, aquí lo que debe prevalecer siempre es luchar y buscar la libertad de Venezuela.

Allí entregamos el referendo revocatorio. No se dijo una palabra, ni un «Padre Nuestro» le rezamos al referendo revocatorio. Lo enterramos sin hacerle siquiera un homenario. Entregamos la marcha a Miraflores. Entregamos las banderas del juicio político. De broma que no entregamos el Golfo de Venezuela ¿y después queremos decir que el culpable fue el Papa? No, yo creo que los culpables fuimos nosotros.

¿Porqué nosotros aceptamos a esos mediadores? ¿Porqué Samper y no el presidente Pastrana? ¿Porqué Torrijos y no el presidente Oscar Arias? ¿Porqué Lionel Fernández y no Tuto Quiroga? ¿Porqué Zapatero y no el señor Luis Almagro?

La gente marchó una y mil veces, la gente firmó una y mil veces, la gente votó a ciegas por esos candidatos, dieron sus vidas, dieron sus empleos, pusieron en riesgo sus negocios, y esa gente esperaba mucho de nosotros.

Este gobierno ha jugado sucio. Y recordemos que ni siquiera un Dios, ni siquiera Dios puede trastocar en derrota la victoria de quién se deja vencer a sí mismo. Y por lo tanto, es importante de que ahora en adelante, nosotros digamos con mucha determinación: «Venezuela no se rinde».

Venezuela va a alcanzar sus metas.

Los venezolanos no somos perdedores. Por eso estamos en la historia como un pueblo de Libertadores. Pero eso sí, no sigamos buscando salvadores, no sigamos buscando por los lados al Mesías, al hombre a caballo, al que va a venir con una cabalgata a hacer el trabajo por la dirigencia. Somos nosotros con este Pueblo abnegado que debemos buscar el éxito. Y el éxito está en la habilidad de aprovechar cada desliz, cada caída, cada traspiés, cada fracaso,  «sin que perdamos el entusiasmo» como decía ese gran hombre que fue Winston Churchill.

Debemos admitir que requerimos un dirección que actúe con confianza entre nosotros. Sin exclusiones, con normas que se respeten, sin sectarismos ni secretismos, sin agendas ocultas ni proyectos individuales que estén por encima de los intereses del país.

Vamos a hacer valer la voluntad del pueblo. Ya hay una agenda básica entre nosotros. Lo que tenemos es que desarrollarla y hacerla efectiva. Cobrar las victorias del Pueblo. Esa primera agenda la marcó el Pueblo el 6 de diciembre de 2015. Más de 14 millones de venezolanos acudieron a las urnas electorales. Pero esas líneas estratégicas fueron ratificadas en un acto espectacular que protagonizó el Pueblo de Venezuela el 16 de julio de este año.

Y que nosotros en vez de celebrar como una gran victoria porque fue algo épico, fue epopeya, convertimos ese acto en un velorio. Mucha gente estaba confundida, porque tenemos que admitirlo, a veces nosotros mismos confundimos a la gente. «Marcha mañana», «no march mañana»; «pare mañana», «no pare mañana»; «marcha a las doce», «no marcha a las doce». Esos son pequeños detalles que a veces conspiran contra la buena marcha de nuestros esfuerzos.

Hay que admirar el esfuerzo de esos diputados, sobre todo de esa nueva camada de parlamentarios, que han expuesto sus vidas en las calles. De esos héroes anónimos a los que me referí en el pasado mensaje. Uno de ellos, ese señor, un señor del Pueblo que con un papagayo pone a volar consignas como si fuese un filósofo tropical, un filosofo criollo.

Vamos a llamar a los pueblos para que sigan respaldando nuestra lucha, porque está claro que Maduro perdió su legitimidad. Y el pueblo de Venezuela desconoce este gobierno fallido. Y hay que destruir esa trampa de la llamada auto determinación de los pueblos. Lo que existe y lo que vale es la inter relación de los pueblos democráticos y la defensa de los derechos humanos como un valor universal.

Maduro lo que está provocando son más episodios de hambruna, aislando a Venezuela del resto del mundo. Porque Maduro, a diferencia de Juan Vicente Gómez, Gómez sabía que no sabía. Pero como Gómez sabía que no sabía, él trataba de rodearse con buenos consejeros. El drama que tenemos en Venezuela es que Maduro cree que él sabe y por eso vive reciclando los mismo ministros, y vive atropellando a los venezolanos, y cree que puede seguir gobernando sentado en unas bayonetas.  Cree que puede seguir gobernando a Venezuela a contra pelo de lo que está ocurriendo en las calles.

Y ahora vienen a plantearnos elecciones regionales. Yo no me imagino a nadie que sea leal a la lucha que ha dado el Pueblo e inscribiéndose, haciendo una fila india para inscribirse en ese Consejo Nacional Electoral.

¡Bastante que le aguantamos a este Consejo Nacional Electoral!

Este Consejo Nacional Electoral protagonizó este domingo una de las estafas más burdas, más grotescas. Eso de 8 millones de votos, ni que estuvieran hablando de la inflación. Si hubiesen dicho que era el número de la inflación,  a lo mejor la gente les cree. Pero 8 millones de votos, más votos de los que sacó el difunto Chávez en sus mejores tiempos. Más votos de los que sacó el madurismo en las parlamentarias del 2015. Cuando tenemos en Venezuela una espantosa crisis económica, cuando aquí hay chavistas que no son maduristas, y maduristas que ya dejaron de creer en este proyecto que es un estafa.

Por eso aquí tenemos que re orientar las movilizaciones. Cumplir la agenda que nos impuso el Pueblo de Venezuela. Y tenemos que recordar a nuestros ancestros.

¡Esta no es hora de desánimo! ¡Qué a nadie se le enfríe el guarapo! Yo digo, aquí con la mano en el corazón: «arriba corazón», «arriba Venezuela, arriba despertar ese sol, abrir esos cielos, a despejar esos nubarrones». Vamos a demostrarle al mundo que lo que estos tiranos quieren hacer que es convertir esta tragedia en una noche oscura eterna se va transformar en un sol resplandeciente.

Vamos a demostrarle al mundo entero porqué nosotros somos hijos de los Libertadores de América. De ese padre de la patria, que un estado de salud deprimente, cuando estaba en Pativilca, uno de sus colaboradores se le acercó y le dijo: «¿y ahora qué haremos, Libertador? ¿Estando usted en esa situación?» Y el Libertador sacó fuerza se su entraña y le dijo: «triunfar, vamos a triunfar».

Yo le digo a los venezolanos: «arriba corazón». Vamos a esquivar con dignidad por el destino, por el futuro. Por esos derroteros por los que tenemos que avanzar. Porque lo importante es dejar en la vereda del camino el dolor y las angustias. Este es un momento en que tenemos que mirar esa seductora primavera que no va a dejar marchitar los sueños de los caídos.

Yo no me quiero limitar a llorar por los caídos y a llevarles velas a los caídos, no. Aquí nosotros lo que tenemos que hacer es honrar a esos caídos. Y el mejor homenaje a los héroes, a los 131 venezolanos que han muerto, a los heridos, a las familias que han perdido sus enseres, que han vivido en estas noches prolongadas de angustias, en estas pesadillas, es hacer desde luego una oración por esos mártires.

Y a comprometernos a que nosotros no vamos a perder el ánimo. Se puede perder todo, menos el entusiasmo, menos el decoro, menos la dignidad. Por lo tanto, amigos, amigas de toda Venezuela, yo los invito a mantenernos en pie de lucha. Ahora es cuando hay Pueblo. Ahora es cuando hay valor. Ahora es cuando hay coraje. No nos van a poner de rodillas.

¿Saben cuando nos vamos a arrodillar? Cuando encendamos la luz de la Libertad y nos arrodillemos a hacer una oración en gratitud a Dios por haber salvado a Venezuela.

¡Qué Dios bendiga al glorioso Pueblo venezolano!

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