sábado, 5 de agosto de 2017

Habla Caracas con Alfredo Graffe


Alfredo Graffe, Habla Caracas +RCR750 : A esta hora, y como se ha hecho ya costumbre en el programa iniciamos con la discusión, con la conversación, el debate sobre lo que ha acontecido. El domingo pasado fue un día estruendoso para el gobierno. El silencio que sacudió, no solamente las calles de Caracas pero también las calles de todo el país, habló al mundo.

Del mismo modo, una jornada que bañó las calles de sangre en Venezuela. Llegamos a 16 muertos, solamente ese domingo, 16 personas asesinadas. En los casos más extremos, en los casos de mayor violencia Táchira y Mérida, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad del Estado. No solamente la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana, en algunos casos inclusive participaron organismos del ejército y de otros componentes de las Fuerzas Armadas accionando armas de fuego en contra de manifestantes. Es decir, una situación crítica en el país, sobre todo en estos estados que al final tiñe y demuestra la vocación real del gobierno de Maduro que es pasar por encima sobre todo los venezolanos al costo que sea.

Esa misma noche Tibisay Lucena lee unos resultados que quienes vivimos o estamos presentes en el día a día en la calle sabíamos que eran mentira: El número que ella dijera podía ser el número que a ella le diera la gana y eso es una reflexión para nosotros.

Porque la Unidad, a tiempo, temprano, a las siete de la noche, demostró, anunció un número de la participación que luego fue acompañado por otras denuncias, entre ellas la de REUTERS, entre ellas la de SMARTMATIC, entre ellas inclusive las mismas denuncias del chavismo. Y es algo que queremos conversar.

Hay candidatos hoy de la Asamblea Nacional Constituyente que saben que perdieron o saben que ganaron pero no saben con cuantos votos salieron en la elección.

Eso pasó.

¿Y por qué pasó eso? Porque evidentemente no votaron los 8 millones de personas que ellos dicen, y a la hora de alterar los resultados, a la hora de manipular las cifras, a la hora de cambiar la situación, se llevaron por el medio a propios y extraños.

En ese marasmo, en esa trampa, en ese entuerto que ellos mismos generaron  —por su condición de malandros— hicieron que los resultados de la elección ni siquiera fuesen publicables para ellos mismos.

Entonces tienen hoy candidatos, adjudicados o no, que no tienen el resultado de su elección. Son presas de su propia vocación. Y en eso se ha convertido el chavismo.

Y es triste que candidatos, por ejemplo, que intentan representar al sector estudiantil, jóvenes que se llenan la boca diciendo que van a renovar la política, que van a cambiar la revolución, que esto y aquello, sencillamente sean cómplices de esto.

Pero es que así es. Y este país tuvo un antes y un después del 30 de julio. Todo ciudadano, todo venezolano que tomó una postura en contra de la Asamblea Nacional Constituyente, que tomó una postura al margen de este proceso, que tomó una postura firme tanto dentro como fuera de Venezuela, tiene un peso y tiene una responsabilidad y tiene una opinión ante la historia.

Así mismo todos aquellos que fueron co-partícipes y co-responsables de ello. Ya el punto donde está el país, el punto donde está la república no admite ni puntos medios, ni titubeos, ni meneos con esta situación. Y mucho menos con las personas que participaron en este proceso.

Ante esa situación, y ante ese fraude grosero, lamentablemente hubo participaciones, declaraciones de actores de la Unidad, actuando a título personal que desenfocaron y desorientaron el debate. El día que la empresa proveedora del sistema tecnológico de la elección señala que aquí hubo un fraude, señala que la presidenta del Consejo Nacional Electoral y las tres rectoras que la acompañaban incurrieron en delitos, ese día justamente, nosotros como oposición y nosotros como políticos —y eso tiene que ser una responsabilidad que tenemos que asumir todos— desorientamos la discusión —por un programa de televisión que pasaron por la tarde con unas declaraciones además que poco ayudan a la Unidad y que además no estaban como producto de una discusión unitaria. Las declaraciones que da Henry Ramos Allup a su vez como otras declaraciones, otras acciones por redes sociales que dan otros personajes, por ejemplo María Corina Machado, otros actores que hacen vida en la política nacional, más allá de ser parte de una discusión, de un consenso, de una generación de una política consensuada de una estrategia, lo que hacen es abrir un debate que yo creo, en mi opinión, no es el debate de fondo y el debate real sencillamente por temas muy personales y por ambiciones muy particulares.

Y eso es un llamado que tiene que hacer a la reflexión y donde todos que queremos hacer vida política, todos los que por ejemplo tenemos esta responsabilidad de aparecer hoy sábado a las dos y cuarto de la tarde a explicar o a entender o a conducir o a liderar o a dirigir hacia a donde estamos yendo tenemos que tener responsabilidad con lo que hacemos.

Mucho peor aún  —y eso lo digo yo a título personal, esta es mi opinión— la utilización de figuras, de personas fallecidas, de nombres de personas fallecidas en campaña para influir a favor o en contra de la participación de las eleciones regionales.  Los fallecidos, las personas que fueron asesinadas, los más de 120 personas que han sido asesinadas en este conflicto no podemos nosotros hablar por ellos si lo hicieron eso a favor de unas elecciones regionales o lo hicieron en contra.

Y nosotros que creemos en un país distinto, que creemos en una forma de hacer las cosas distintas no podemos caer en eso. Son una falta de respeto con su memoria, con su familia pero sobre todo a las cosas con todos los que salimos a protestar, porque hoy todos los venezolanos que salimos a marchar —por ejemplo los que estuvimos ayer que recibimos la represión en la Francisco Miranda, que recibieron la represión en la autopista de Prados del Este, en el caso de Caracas— todos los días nos exponemos a morir. Y lo hacemos particularmente por compartir, por colaborar, por adelantar en esta lucha pero por supuesto por un futuro distinto.

Entonces que se venga a hablar a nombre de las personas que han sido asesinadas con una u otra intención es algo que a todos nos tiene que llamar a la reflexión. Y no podemos nosotros, precisamente los políticos ser quienes alentemos, quienes fomentemos esas discusiones que al final lo que hacen es enfrentarnos internamente.

La pregunta, sobre si participar o no en las elecciones no es distinta a muchas preguntas que hemos tenido que resolver en estos 120 días de lucha y en estos más de 17 años de conflicto.

¿Participar en la elecciones regionales?

¿Para qué?

Es obvio que el gobierno de Nicolás Maduro no se deja llegar de nuevo al 6 de diciembre de 2015.

Nicolás Maduro a motu propio no le va a decir a Tibisay Lucena: «mira chica convoca unas elecciones donde yo pierda». Eso lo sabemos. Y ahí es que tenemos que tener una responsabilidad.

Si se va y se participa y se inscriben los candidatos tiene que estar claramente el escenario planteado de una posible suspensión. Y en ese momento, donde el gobierno de Nicolás Maduro, donde los poderes públicos, donde lo poco que existe de República actúe en contra del voto, de los derechos de los ciudadanos, de los derechos del soberano. En ese momento, volveremos al mismo punto donde estuvimos por ejemplo al día siguiente de la Consulta Popular del 16 de julio.

Somos mayoría, el mundo lo ha evidenciado, queda claro que es una dictadura, queda clara su vocación totalitaria y un gobierno autoritario. ¿Qué hacemos ahora?

La pregunta de fondo aquí no es si se participa o no se participa, si se inscriben o no se inscriben unos candidatos. La pregunta es ¿para qué se quiere tener esos candidatos inscritos? o ¿para qué no se quiere?

Si la ruta es no ir a las elecciones regionales, ¿bueno, entonces qué estamos haciendo? Entonces se habla, por ejemplo, de la conformación de un gobierno de Unidad Nacional que se elija a través de elecciones tal como se preguntó en la Consulta del 16 de julio.

Eso tiene que tener un acompañamiento y una fuerza. La designación de los rectores del CNE y de los magistrados tiene que tener un acompañamiento real y una fuerza de calle y una cantidad de poderes fácticos acumulados que permitan su ejecución. Eso no es soplar y hacer botella.

Un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y un nuevo CNE nace de una posición de poder. Nace de una capacidad de ejercer presiones y de ejercer acciones, que yo hoy francamente creo que tenemos que construir y que lamentablemente no basta con querer.

¿El CNE incurrió en delitos? Si.

¿Tibisay Lucena es complice de esta dictadura y además es complice de los asesinatos que han sucedido porque fue parte de este proceso? Si.

La pregunta entonces es ¿nosotros cómo actuamos? Porque estas personas no van a actuar, o van a dejar de actuar, o se van a poner a un lado, particularmente, porque estén obrando mal y porque ellos han incurrido en delitos, han violado la constitución y no están del lado de la democracia, pues entonces, nosotros ya con eso tenemos argumentos suficientes para sacarlos.

Evidentemente esta gente tiene que estar fuera del gobierno y fuera de los poderes desde hace muchos años. Y no lo están porque funcionan como una mafia y funcionan como un cartel.

Y ahí entonces, los lugares comunes, esas cadenas a veces de Whatsapp, esas Tweets o esa cosas que se ponen en el Facebook, nosotros tenemos que desmenuzarlas y entenderlas. Decían algunos: «se ha comprobado que esta gente no sale con una negociación y no salen con votos». Eso lo dijo alguien en Twitter que ese mito se haya caído el 30 de julio.

¿Qué queda, por ejemplo, si en un proceso de conflicto no hay una negociación y unos acuerdos para la salida? Es decir, si este conflicto no se resuelve por una negociación a las que se lleguen las condiciones de presión, de capacidad de ejercer fuerza, de gente en la calle, de presiones internacionales, de señalamiento público donde ser parte del gobierno es casi que un crimen automático, donde los venezolanos señalamos a quienes nos gobiernan y los apuntamos y decimos este tipo es culpable. Es decir, si nosotros llegamos a ese momento como lo venimos construyendo y esta gente plantea la salida del gobierno, hay que generar una negociación para su salida. Donde se puedan frenar el número de muertos.

Si por la cantidad de muertos que tenemos, más de 120, la decisión es no ir a una elección por precisamente la cantidad de muertos, no ir a una negociación por precisamente la cantidad de heridos y detenidos, ¿cual es la respuesta entonces?

¿Busquemos un enfrentamiento? ¿Busquemos la escalada de un conflicto en términos irresponsables, quizás? ¿Que aumenten el número de muertos y desencadene en una guerra?

Eso son las consideraciones que hay que tener.  Y esas son las preguntas que cada uno de nosotros tenemos que hacernos. Y en estas horas que han venido transcurriendo, por lo menos me ha pasado a mí, me ha pasado en mi casa con mi familia, cada familia se discute que hace en este momento. En las medidas de sus posibilidades, en la medida de sus condiciones y son discusiones que van más allá de la crisis en la que ya vivimos. Es el futuro cercano que tenemos en las puertas. Y así está pasando en todos los hogares venezolanos.

Y esto no es precisamente una discusión para llevarlo en un grupo de Whatsapp para poner en un Tweet para ponerla en el Facebook o para tratar que algún político se haga más famoso que otro. Es la discusión que tiene que tener cada venezolano consigo mismo. Es la discusión que cada uno de nosotros cuando cierra los ojos en la noche antes de dormir tiene que preguntarse si estamos dispuestos a llevar este conflicto a donde tenemos que hacerlo.

Y es válido decir que no.

Pero el que diga que no, pues, tiene que ponerse a un lado y no puede entorpecer a la Unidad.

Y el que diga que si tiene que comprometerse disciplinadamente a asumir los costos que esto conlleva.

Luchar en contra de una dictadura no es tarea fácil, no es tarea sencilla.

Y es parte de esas dudas, parte de esas reflexiones que hay que ventilarlas, pero responsablemente. Porque la gente no es tonta. La gente entiende. La gente que escucha la radio, lee el periódico, sale a la calle, preguntas quizás a ver si están más claras que quienes tiene acceso a grandes medios de comunicación y dicen lo que les da la gana. Precisamente hay que generar esa discusión pero de manera responsable. Sin caer en los lugares comunes absurdos, estériles, que no nos llevan a ningún lugar sino a una polarización falsa.

Yo quisiera en este momento recordarles los números de teléfono de la cabina 0124829750 para que en el próximo segmento entremos con sus llamadas, entremos con su discusión, entremos con sus opiniones y generemos un debate enriquecedor en este espacio que clarifique la conducción hacia donde vamos. 2:19 de la tarde.

—minuto 14:57

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