domingo, 23 de julio de 2017

Las dictaduras se derrocan



El viernes 21 de julio la Asamblea Nacional —fortalecida con el mandato obtenido por los más de 7 millones de votos en las urnas de la consulta popular del pasado domingo 16— en sesión extraordinaria designaron a 33 magistrados (13  titulares y 20 suplentes) para administrar el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
Con esta medida, esta institución constitucional y cuyos miembros fueron elegidos democráticamente, desconoce a los magistrados que el Ejecutivo de Nicolás Maduro colocó a dedo anteriormente a manejar el TSJ.
Ayer, sábado 22, la Mesa por la Unidad Democrática (MUD) convocó marchas pacíficas para converger en la sede del TSJ en Caracas respaldando a los nuevos magistrados que juraron sus cargos en la Asamblea Nacional.

Cada una de las marchas se encontró con violenta represión por parte de las fuerzas de seguridad del estado. Una de las víctimas más sonadas ha sido El violinista Wuilly Arteaga quién recibió varios impactos de perdigones en la cara y tuvo que ser hospitalizado.

Hoy ya se sabe de que el recientemente nombrado juez del TSJ, Ángel Zerpa Aponte, ha sido detenido por el SEBIN. Un plagio ordenado por el Ejecutivo de Nicolás Maduro y que se extiende a todos los magistrados juramentados el viernes.

El país se encuentra en una recta final decisiva. Está entre dos locomotoras que a toda velocidad están a punto de estrellarse de frente.

Una micro minoría, enquistada en el poder, armada, violenta e intransigente con todo que perder y liderada por Nicolás Maduro va a chocar de frente contra una super mayoría democrática, unida, solidaria, plural, que sin miedo lleva más de 100 días en la calle protestando y que salió a las urnas la semana pasada para repudiar la llamada "Asamblea Constituyente".

Este falso ejercicio de democracia impulsado por el régimen y mal nombrado "Constituyente" está convocado para el próximo domingo día 30 y amenaza con llevarse de frente todo lo que le queda al venezolano de su dignidad, de su libertad,  y del futuro y la libertad de sus hijos por generaciones.

Lo que hay que recordar en la historia venezolana es que las dictaduras se derrocan. Pérez Jiménez fue derrocado por la presión que le dio la calle y en 1958 se montó en un avión hacia el exilio para nunca más regresar.

Hoy el mundo es más complejo. La hegemonía mundial se rige por el control económico trasnacional y el régimen ha demolido —con su saqueo y malversación de la riqueza que brinda el país— todos los puentes a las grandes potencias aliadas.

Rusia y China siendo importantes acreedores en la deuda nacional se desmarcan del régimen y apuestan por cobrarle los errores del chavismo a la Venezuela democrática.

Estados Unidos de América, a pesar de haber sido siempre objetivo de la demagogia del chavismo, su condición como primer consumidor del crudo venezolano lo convirtieron en el combustible indispensable para el motor de la revolución chavista. Sin embargo, los Estados Unidos venció su dependencia al crudo venezolano y ahora amenaza con tumbar los negocios petroleros que tiene con el régimen de Nicolás Maduro.

Cuba, siendo su fuerza ideológica lo que la ha hecho una potencia, ha perdido legitimidad con los venezolanos al ser su injerencia en la toma de decisión nacional responsable del fracaso económico del país.

Ayudaría que las Fuerzas Armadas Nacionales, purgadas en todos sus mandos para ser leal al chavismo, acaten el mandato de hacer respetar y defender la constitución vigente  —chavista hasta la médula— y que se unan a la supra mayoría en el pueblo venezolano que clama libertad con el único fin de derrocar a la dictadura de Nicolás Maduro y de restablecer la democracia.

Porque el venezolano ama a su país libre y digno de ser respetado y admirado entre todas las naciones.

Porque las dictaduras se derrocan.



















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